martes, 30 de abril de 2013


¿Ayudar con los deberes?

    Cuando los niños comienzan a traer deberes a casa nos preguntamos qué podemos y debemos hacer. ¿Tenemos que ayudarles a hacerlos? ¿Cómo conseguimos despegarnos de su lado mientras realizan sus tareas?
El curso avanza y cada semana la cantidad de conocimientos que deben manejar los niños aumenta considerablemente. Es necesario tenerlos bien afianzados para seguir avanzando. El trabajo diario es imprescindible para comprender y consolidar la información de las distintas asignaturas que se trabajan en clase y los niños deben adquirir desde el principio una rutina de estudio en consonancia con su edad.

Pero,
¿debemos ayudarles a hacer sus deberes? Hay madres que ven cómo sus hijos son incapaces de realizar sus tareas escolares si no están sentadas a su lado y según avanzan de curso las horas de estudio aumentan y las madres tienen que pasar cada vez más horas junto a sus hijos. ¿Qué se puede hacer ante esta situación?

1.
Actitud: Para empezar hay que iniciar a los niños en la rutina de los deberes y del estudio con una actitud positiva, consiguiendo que lo afronten como una tarea más del día a día y no como un problema. Igual que se lavan los dientes después de comer, hacen sus tareas cada tarde. Para ello hay que mostrarles que obtienen beneficios con el trabajo diario ya que así, manejarán con soltura los términos que aprenden en clase y cada vez les resultará más sencillo trabajar con ellos. 
2.
Un espacio para estudiar: Si no dormimos en el suelo y no comemos encima de la bañera, tampoco podemos hacer los deberes en cualquier sitio. Los niños necesitan un lugar donde realizar sus tareas, un lugar destinado para ello, ordenado y despejado, libre de distracciones para que puedan trabajar tranquilos. Eso no sólo facilitará su concentración sino que creará anclas positivas que les llevará a relacionar su escritorio con el estudio y la concentración de forma inconsciente. 
3.
Primero solos: Los niños tienen maestros en clase que les explican la materia y deben atender en cada asignatura. Así, cuando llevan tarea a casa siempre es sobre temas que ya han trabajado en el aula y que, en principio, ya han de haber comprendido. Por eso, los niños deben leer detenidamente el enunciado de los ejercicios y realizarlos solos favoreciendo de este modo su autonomía en el trabajo y en la resolución de problemas.
4. Supervisión y dudas: Que procuremos la autonomía de nuestros hijos no significa que no podamos ayudarlos. De hecho, si estamos a disposición de nuestros hijos y atendemos a sus preguntas, resolviendo sus dudas, los niños se sentirán reforzados. Sin embargo, nunca hemos de hacerles la tarea o darles las soluciones y sólo les ayudaremos cuando ellos nos lo pidan. Del mismo modo, podemos supervisar su trabajo comprobando que ya ha sido realizado, si bien no tenemos que corregirlo para que el profesor sepa cuál es el rendimiento del menor y si tiene bien asimilados los conocimientos con los que han trabajado. Siempre podemos felicitarles tanto por el trabajo bien hecho como por el esfuerzo realizado.
5.
Tutoría: En caso de que detectemos que nuestro hijo no ha comprendido algo concreto se lo podemos explicar. Sin embargo, si observamos que, en general, no entiende lo que estudian en clases debemos ponernos en contacto con el tutor o la tutora para diagnosticar el problema y saber si se trata de que el niño no presta atención en clase o es que existe algún problema de aprendizaje y el pequeño necesita algún tipo de apoyo.
6.
Descanso: El tiempo que los niños pueden estar concentrados es limitado, por eso no se trata de pasar toda la tarde frente al libro, sino de dedicar el tiempo imprescindible para realizar la tarea. Si ésta se alarga más de lo habitual hay que dejar unos minutos de descanso. El ocio y el juego libre es también muy importante para el desarrollo de los pequeños así que también deben formar parte de sus rutinas diarias.

martes, 19 de marzo de 2013



RELACIÓN PADRES – HIJOS

 

Las orientaciones que desde la familia se debieran seguir de cara a facilitar el desarrollo y mejora de la personalidad y de la conducta de nuestros hijos, podrían ser:


·         Demostrar y manifestar cariño de forma real, incluso y si llega el caso a través del contacto físico.


·         Hacer notar al niño, no sólo con gestos, sino también con palabras, lo bien que nos sentimos con él.

 
·         Elogiar de forma correcta: concreta y creíble y no de forma general y cáustica. No insistir en las descalificaciones continuas. Tender especialmente a realzar de forma muy expresiva y manifiesta las conductas positivas que tenga por mínimas que sean y a ignorar, que no consentir, las conductas negativas.

 
·         Actuar más por hechos y acciones que por palabras; las retóricas, discursos… suelen ser de poca utilidad, los niños se acostumbran a ellos y son ineficaces y contraproducentes.

 
·         Los silencios con cara de seriedad pueden ser mucho más efectivos que palabras a destiempo.

 
·         Mantener por nuestra parte siempre una actitud serena, tranquila y de dominio permanente de la situación, no nos dejar desquiciar por las conductas del niño. La autoridad debe estar siempre en los padres.

 
·         Ser dialogantes y tolerantes, pero no consentidores, con la misma serenidad y amabilidad con que la que le premiamos, también con esa misma serenidad y contundencia se les puede y se les debe sancionar; deben acostumbrarse a y saber que siempre deben cumplir las normas.

 
·         Los castigos han de ser cortos y realistas y deben cumplirse con rigor, no deben ser perdonados por personas ajenas a las que lo impusieron y deben aplicarse de forma inmediata a producirse la acción negativa. La aplicación no debe diferirse en el tiempo.          

 
·         El castigo debe ser el último recurso a emplear y no se debe abusar de él pues pierde la posible eficacia que pueda tener.

 
·         Ser coherente y sistemáticos en la aplicación de refuerzos sobre todo cuando son positivos y por tanto contingentes a conductas deseadas. De cualquier forma siempre es conveniente que el niño conozca con claridad las consecuencias de su conducta, ya sea ésta positiva o negativa. Las normas ha cumplir han de ser claras, sencillas y conocidas en todo momento.

 
·         No debe haber arbitrariedad en la aplicación de las normas. Ser ponderados siempre en la aplicación tanto de premios como de castigos, no dejarlo al estado de ánimo que tengamos en cada momento.

·         Compartir sentimientos con el niño, ya sean positivos o negativos, así se evitará que se sientan culpables de los posibles sentimientos negativos de los padres.

 
·         Saber escuchar y no utilizar juicios previos, escuchar las razones de los niños. Consensuar y hacerles partícipes de la elaboración de las normas y de las decisiones que haya que tomar.

 
·         Fomentar y apoyar que el niño exprese ideas propias y que no necesariamente tienen porque ser coincidentes con las de los mayores y más en concreto con las de la familia. En general potenciar el comportamiento autónomo, aunque responsable, en cualquier ámbito.

 
·         Hacer notar las habilidades y aptitudes específicas de los niños y especialmente de aquellas en las que más brillan.

 
·         Reforzar siempre la creatividad y las iniciativas positivas propias que puedan tener, aunque nos parezca que todavía son pequeños.


·         Exigir siempre las responsabilidades que son propias de cada edad, evitando caer tanto en el sobreproteccionismo como en las exigencias exageradas. Evitar asimismo expectativas propias de otra época: "Es que antes, a esa edad…". Debemos intentar que desde pequeños vayan cumpliendo todas las pequeñas rutinas y hábitos propios de cada edad (vestirse, desvestirse, alimentación, higiene, relación, lenguaje…).


·         Estimular en el niño la responsabilidad personal y la toma de decisiones en todos los ámbitos (vestido, amigos, juegos y ocio…).


·         Instarles desde pequeños a que se organicen y planifiquen todas las cosas que son de su incumbencia: habitación, lugar de estudio, material escolar, tiempos de estudio, actividades extraescolares…

 
·         Conocer las reglas del hogar con claridad, sin ambigüedades; normas claras, asequibles y dentro de lo posible consensuadas por todos. Asimismo aplicarlas y cumplirlas todos por igual. No sirve lo de "Haz lo que digo, no lo que hago". Al contrario, los padres son los "modelos" en los que se ven los hijos para imitar y adquirir nuevas conductas. El niño debe tener muy claro siempre las conductas que son esperables de él.


·         Dialogar y conversar como práctica habitual con los niños; no dejar de contestar ninguna pregunta por inadecuada que nos parezca ni tampoco utilizar evasiones como: "Aún eres pequeño para entenderlo...", "esto son cosas de mayores...", “no tengo tiempo para tonterías.”

 
·         Respetar y aceptar el perfil caracterial del niño, ayudarle a que se acepte a sí mismo, tanto física como psicológicamente, intentar cambiar y mejorar aspectos y actitudes concretas pero no intentar que se acabe pareciendo a nadie.


·         Desde el ámbito familiar intervenir tanto el padre como la madre en la educación integral del niño; ésta no es competencia en exclusiva ni prioritaria de ninguno de los dos, sino que debe ser objetivo común de ambos.


·         Ayudar al niño a superar los sentimientos y autopercepciones negativas.

 

Respecto al ámbito académico las consideraciones a tener en cuanta por parte de los padres podrían ser:

 
·         Preocuparse por los temas escolares. Hablar con el niño de sus progresos, dificultades e inquietudes escolares. Debe percibir interés real de los padres por lo escolar y que, por tanto, valoran en su justa medida no sólo los resultados sino también el esfuerzo y la dedicación.


·         Ayudarle en la resolución de las tareas y deberes.


·         Facilitar que el lugar y hábitos de estudio sean los adecuados.

 
·         Revisar e interesarse regularmente por los materiales y trabajos que se hacen en el colegio. Valorarlos adecuadamente.


·         No descalificar al profesor delante del alumno; en caso de conflicto escuchar a todas las partes intentando solucionarlo de forma positiva sin tener que llegar a descalificaciones.


·         Visitar al tutor con regularidad para interesarnos por la marcha escolar del niño; será una forma de que éste perciba que se valora realmente todo el trabajo escolar.


·         Evitar comparaciones del niño con hermanos, amigos, compañeros, etc., sobre todo si son comparaciones negativas y pueden afectar a la autoestima académica y personal del niño.

 

viernes, 1 de febrero de 2013

La importancia de la lectura en los niños

Cómo motivar a los niños para aficionarles a la lectura

La lectura es la llave prodigiosa de la información, de la cultura, del mundo de la ficción, de la fantasía.… Conseguirla no es tan sencillo: está al alcance de todos los niños, pero con condiciones. La importancia de la lectura en los niños se basa en sus beneficios a la hora de estudiar y adquirir conocimientos. La colaboración de los padres es necesaria para impulsar el proceso de aprendizaje.

Leer y compartir libros con los niños


La importancia de la lectura en los niños
 
 
Hay una labor familiar de preparación extremadamente importante antes de que los niños aprendan a leer, y de seguimiento, después. Aunque resulte increíble, se recomienda poner a los niños en contacto con la lectura a partir de un año aproximadamente. Hablamos de cuentos con grandes imágenes y poco texto, que se irán complicando y ampliando a la medida del “lector”. Merece la pena “perder” el tiempo con los niños leyéndoles y contándoles historias porque los efectos pueden ser muy positivos. A corto plazo la lectura permite:
 
1. Enriquecer la relación adulto-niño
En esta relación mágica, niño-adulto-libro, el padre, la madre son los encargados de maravillar a su hijo con el libro y de descubrirle el mundo sorprendente que guarda. Estos momentos de “lectura” son muy gratificantes, porque están, además, envueltos en afectividad.
 
2. Familiarizar al niño con los textos
•- Acostumbrándole al objeto: al niño le gusta imitar a sus padres.
- Mostrándole que los pequeños signos negros tienen un significado.
- Haciéndole experimentar la permanencia de la palabra escrita. Cuando llegue al colegio, la lectura le parecerá una actividad necesaria e interesante.
 
3. Ampliar y organizar el universo del niño
Tanto las imágenes como los textos le ayudarán a:
•- Conocer el mundo.
- Conocerse a sí mismo.
•- Dominar el entorno real. Los textos le adelantarán, además, futuras experiencias.
 
4. Desarrollar las capacidades mentales del niño
- Memoria. El niño podrá contar el cuento que le ha leído, siguiendo las imágenes.
- Lenguaje. A través de la lectura oída, el pequeño ampliará su vocabulario y aprenderá frases cada vez más complicadas.
- Capacidad de abstracción. El niño establece la relación entre los objetos que ha visto en la realidad y la representación de los mismos en las ilustraciones. Pasa, en consecuencia, a un nivel de abstracción.
- Imaginación. A partir de la imagen y del texto, el niño comienza a construir su propia representación, a crear una realidad en su mente.
 

Ideas que ayudan a motivar a los niños a leer

 
•- Un niño de siete años no digiere cualquier libro. Si no comprende lo que lee, no desarrollará una auténtica actividad de lector.
•- El lector principiante necesita un texto a la medida de sus capacidades, adaptado a su sensibilidad, que tenga en cuenta su lenta progresión.
- La lectura-placer es un magnífico entrenamiento para entender y apreciar los libros de texto. Y los libros de texto sugieren aficiones y otras lecturas.
•- Hay que dejar al niño elegir las lecturas. Si no termina un cuento, tal vez no sea por pereza o inconstancia, sencillamente se ha equivocado en la elección. Tendrá muchas oportunidades en su vida escolar y familiar para encontrar temas interesantes.
•- Para acompañar a un lector que empieza, es preciso conocer sus gustos. Animales, brujas, la prehistoria...… La propuesta debe ser amplia y variada. Si un niño está fascinado por un tema, decidirá voluntariamente detenerse en comprender el texto, ayudado por las imágenes.
•- Al principio conviene seguir leyéndole los textos, porque su lectura es dificultosa y lenta y puede acabar cortando la comunicación.
•- No se debe confundir la lectura escolar, que es un ejercicio de progresión, y la lectura-placer. En la lectura-placer se puede equivocar, interpretar mal el sentido. No importa. Él solo se corregirá.
•- La cita periódica y puntual con la lectura-placer es muy positiva.
-• Libros, revistas, cómics. La calidad es lo importante.
 

Empezar a leer desde niño…

Los especialistas en lectura están de acuerdo en que leer es un hábito, un placer, que difícilmente se adquiere en la edad adulta. Y que la afición a la lectura tiene muchas posibilidades de consolidarse cuando se ha despertado en la niñez. A veces escuchamos a los padres lamentarse: “a mi hijo no le gusta leer”. Y lo dicen con cierta inquietud. En realidad, hay muchas personas a las que no les gusta leer. Es una cuestión de temperamento, de intereses, de medio… Leer es una actividad contemplativa que necesita concentración, silencio, aislamiento, inmovilidad, exclusividad. Pero, a pesar de las excepciones, la afición a la lectura depende también de cómo se haya abordado la cuestión cuando los niños ya leen.
Muchas veces se ha considerado que un niño sabe leer porque pronuncia una frase escrita. A los seis o siete años aproximadamente, comienza a utilizar un código, pero le hará falta tiempo para saber utilizarlo realmente. Porque saber leer es apropiarse del texto: elegir la lectura, leer rápidamente, ser capaz de servirse del texto para algo, hablar del mensaje, completarlo y ampliarlo con otras lecturas.
 

La recompensa del placer de leer

Leer demanda un esfuerzo y es preciso recibir una recompensa. Hay muchas formas de entrar en la lectura. Se lee para:
- Instruirse y aprender
- “Crecer”
- Pasar un buen rato
- Pensar y reflexionar
- Viajar
- Conocer otras formas de pensar
- Afirmar la personalidad
- Relajar tensiones
- Informarse…

martes, 15 de enero de 2013

Ayudas para alumnos con necesidad específica de apoyo educativo 2012-2013

 
Es una satisfacción muy grande para mí anunciaros que de las 20 becas solicitadas solamente 1 fue denegada por altos ingresos. Enhorabuena a todos y que el trabajo que se va a realizar en los gabinetes sea de mucho provecho  para vuestros hijos.
 
Un saludo:
 
Dpto de Orientación 

martes, 8 de enero de 2013

Tratamiento para el déficit de atención e hiperactividad

Tratamiento psicológico y farmacológico de la hiperactividad en niños

 
El TDAH es un problema principlamente de origen genético en el que existe una alteración que bloquea la capacidad de planificar una acción, mantener una acción con un objetivo, y dereducir las distracciones para enfocar la atención en la parte importante de lo que estamos haciendo. Al no funcionar adecuadamente en niños con TDAH, tienen síntomas de hiperactividad motora, impulsividad, e inatención.
 
El TDAH es un problema serio y debe ser tratado por un equipo de especialistas con experiencia en el tratamiento de niños con problemas psiquiátricos y del comportamiento, y con posibilidad de coordinar los recursos en el colegio, y apoyar a los padres.
Tratamiento de la hiperactividad

Tratamiento para el déficit de atención

 
El tratamiento implica varios tipos de psicoterapia:
  1. Psicoeducación y entrenamiento a los padres para controlar el comportamiento del niño, para prevenir y anticipar las reacciones explosivas
  2. Terapia familiar e individual que reduce el stress en la familia debido a la enfermedad del niño
  3. Apoyo en el colegio en las áreas donde el niño está más necesitado.
A los padres se les entrena para que puedan priorizar los comportamientos que quieren que el niño consiga, poniendo al principio de la lista lo importante y dejando muchas órdenes no importantes para el final (o simplemente ignorandolas). También se les entrena en reconocer los sintomas del TDAH, que no es culpa del niño y en la importancia de que el niño tome el tratamiento médico todos los días.
A nivel escolar, no es necesario disminuir la exigencia, pero hay estrategias que mejoran la eficacia del niño para obtener mejores resultados. A veces deben organizarse las tareas del niño secuencialmente, ya que él no se puede organizar sólo. Se premian y reconocen los comportamientos positivos en casa y en el colegio, con el llamado sistema de puntos.
También se enseña al niño a controlarse y monitorizar sus actividades inapropiadas, para que se vaya dando cuenta de cómo sus comportamientos interrumpen y molestan a los demás, y cómo intentar reducirlos. Además debe tenerse en cuenta que el TDAH puede estar acompañado de otros problemas psiquiátricos como depresión o ansiedad, que también requieren atención.
La comunicación entre padres, médicos (pediatra, psiquiatra infantil), psicólogos y profesores debe ser fluida y coordinada, para presentar todo el equipo una idea homogénea al niño, y que no detecte fisuras o desacuerdos en el equipo.
 

Tratamiento farmacológico para el déficit de atención o hiperactividad

 
Aunque algunas formas leves de TDAH se pueden controlar a veces con tratamiento no farmacológico, sin embargo, los estudios indican que el tratamiento más eficaz es una combinación de una medicación, psicoterapia conductual, entrenamiento a los padres y apoyo escolar.
El medicamento más utilizado para el tratamiento del TDAH es el Metilfenidato. Es un estimulante que mejoran tanto la hiperactividad como la inatención en niños con TDAH. Aunque suele tolerarse bien, como es un estimulante a veces puede producir algunos efectos secundarios generalmente leves y fácilmente reversibles bajando la dosis. Estos serían: diminución del apetito, o disminución del sueño (la última dosis no debe darse más tarde de las 4 o 5 de la tarde).
Debe tomarse todos los días, no sólo cuando hay colegio, y también en el verano, porque si no el comportamiento es malo durante los fines de semana o las vacaciones. Además los niños no sólo aprenden en el colegio, sino en cualquier situación.
La Atomoxetina es un nuevo medicamento no derivado anfetamínico eficaz en el tratamiento del TDAH. También es de primera elección en pacientes con TDAH. Su efecto positivo dura todo el día (unas 12 a 20 horas) y puede administrarse en una sola toma por la mañana. Además no tiene potencial de abuso, puede mejorar la ansiedad y no empeora los tics. Aunque es un medicamento nuevo, está muy bien estudiado y lleva varios años siendo utilizado en muchos paises (EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Canada, Australia...) y más de 4 millones de personas lo han tomado, sin problemas de seguridad y con eficacia, en niños, adolescentes y adultos con TDAH.
Hay otros medicamentos como antidepresivos tricíclicos (imipramina), el antidepresivo bupropion y la clonidina que también son útiles en niños que no responden o no toleran el metilfenidato, pero en general suelen mejorar más la hiperactividad y no tanto la inatención, y tienen otros efectos secundarios. Se están investigando nuevas medicaciones para tratar el TDAH. La Clínica Universidad de Navarra (Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica) está participando en estudios internacionales de nuevas medicaciones en el TDAH. Además, en el futuro habrá otras formas de presentación de las medicaciones existentes, como metilfenidato en parches cutáneos o formas en jarabe.
 
Dr. César Soutullo Esperón
Especialista en Psiquiatría de la Clínica Universitaria de Navarra

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH): diagnóstico

 
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más frecuentes en niños en edad escolar y también es frecuente en adolescentes.

 

Introducción

 
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más frecuentes en niños en edad escolar y también es frecuente en adolescentes. El TDAH es un problema principlamente de origen genético en el que existe una alteración en los neurotransmisores o mensajeros de la parte frontal del cerebro. Esta parte del cerebro es la responsable de inhibir los impulsos automáticos, planificar una acción, mantener una acción con un objetivo, y reducir las distracciones para enfocar la atención en la parte importante de lo que estamos haciendo. Al no funcionar adecuadamente en niños con TDAH, tienen síntomas de hiperactividad motora, impulsividad, e inatención.
El TDAH es una de las principales razones por las que los niños son evaluados por profesionales de la salud mental. Se ha descrito desde 1865 por Hoffman y 1902 por Still. Inicialmente se llamó Disfunción (o daño) Cerebral Mínima, y desde 1950 Síndrome Hipercinético. Desde los años 1960 se describe el Síndrome del Niño Hiperactivo, y más recientemente se detectó el aspecto del déficit de Atención. En el 1980 (DSM-III) se cambia el nombre de Reacción Hipercinética de la Infancia a Trastorno por Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) (TDA con H, TDA sin H), poniendo más énfasis en la inatención y la impulsividad. Desde el 1994 (DSM-IV) se llama TDAH, y hay tres tipos (combinado, inatento e hiperactivo-impulsivo), segun los síntomas predominantes que presente el niño. Los estudios de prevalencia (frecuencia) no coinciden debido principalmente a diferencias importantes en terminología, definición del síndrome, y metodología; por éste motivo las prevalencias oscilan entre 2% y el 12%, aunque la cifra más aceptada entre los expertos es una prevalencia de entre el 2 y el 5%. Estudios en EE.UU. indican que la prevalencia máxima (8%) ocurre entre los 6 a 9 años de edad. El TDAH está presente en todas las zonas y culturas del mundo y es más frecuente en varones (9%) que en niñas (3,3%). El ratio niño:niña es de 4:1 para el tipo hiperactivo-impulsivo y 2:1 para el tipo inatento. Los niños con TDAH tienen problemas de atención, impulsividad (cognitiva y del comportamiento) y exceso de actividad y, debido a éstos síntomas, tienen dificultades de interacción social, problemas de comportamiento y relación en la familia y mal rendimiento escolar. Muchos de éstos niños además presentan otros problemas psiquiátricos como trastorno oposicional o negativista desafiante, trastorno de conducta (hasta el 40%), y también depresión y ansiedad. Aún está en estudio la posible relación entre algunas formas de TDAH y enfermedades del humor como la enfermedad bipolar (maniaco-depresiva.)
 

 

Origen y causas del TDAH

 
El origen del TDAH es todavía desconocido, pero se sabe que NO se produce por problemas ambientales, problemas familiares o sociales ni por alergias alimentarias. El TDAH es un trastorno altamente genético (75% de la causa es genetica) y que se origina por un problema de algunos neurotransmisores (o mensajeros) cerebrales como la dopamina y la noradrenalina. Estos neurotransmisores no funcionan correctamente en la parte frontal del cerebro, que es la encargada de la llamada función ejecutiva. Gracias al sistema ejecutivo frontal podemos empezar una acción y continuar haciéndola a pesar de las distracciones. Además podemos enfocar nuestra atención en algo concreto inhibiendo otras respuestas o ideas. También el sistema ejecutivo ayuda a hacer dos cosas a la vez sin perder el hilo. Finalmente, el sistema ejecutivo gobierna el control de la impulsividad y nos permite pensar mentalmente una accion antes de hacerla y decidir con antelación si nos interesa realizarla. Los niños con TDAH tienen dificultades en la ateción mantenida y no terminan las cosas, distrayéndose frecuentemente. También tienen problemas en concentrarse en una cosa mientras haya otras posibles distracciones. Ademas, son muy impulsivos y actúan antes de pensar las consecuencias de sus actos. Esto se debe al fallo en los neurotransmisores del area frontal que gobierna el sistema ejecutivo. Además del riesgo genético, otras posibles causas ambientales o factores de riesgo son, el uso de tabaco o alcohol por la madre durante el embarazo, gran adversidad psicosocial (pobreza, abandono, abuso...) y los problemas perinatales como bajo peso del niño al nacer o hipoxia (falta de oxigeno) en el parto. En familias donde uno de los niños tiene TDAH el riesgo para los hermanos sube del 5 % de la población general hasta un 30 al 40 %. También se eleva el riesgo si uno de los padres tiene TDAH (multiplica el riesgo por 8.)

 

Descripción Clínica

 
El DSM-IV define tres subtipos de TDAH:
  1. Tipo combinado (cumple criterios de inatención y además criterios de hiperactividad-impulsividad).
  2. Tipo predominantemente inatento
  3. Tipo predominantemente hiperactivo-impulsivo.
El tipo combinado es el que más se parece a las descripciones clásicas del niño hiperactivo. En niños el tipo combinado es el mas frecuente (80%) y luego el tipo inatento (17 %). En niñas también el tipo combinado es más frecuente, aunque menos que en niños (60%) y el tipo inatento es mas frecuente que en niños (30%). Las niñas son menos frecuentemente enviadas al médico para que las evalúe porque al ser menos hiperactivas crean menos problemas de manejo y de conducta en casa y en el colegio, por ello hay que estar atento a los síntomas en las niñas. A continuación se revisan los criterios diagnósticos (DSM-IV) del TDAH.
Las características clínicas centrales del TDAH son siete:
  1. Actividad excesiva e inapropiada sin relación a la tarea. Es una actividad molesta, sin objetivo, y fuera de su asiento, que dificulta el trabajo del niño y de otros niños en el colegio e interrumpe al profesor/a. El niño enreda mucho, es ruidoso y habla en exceso, produciendo consecuencias sociales negativas. Con el desarrollo del niño tiende a disminuir, pero queda una intranquilidad interna. Éste síntoma responde bien a medicación estimulante.
  2. Poca atención mantenida. Esto produce un trabajo escolar pobre y un mal rendimiento escolar y en los juegos (produciendo impopularidad con otros niños). La atención es variable y depende de la motivación, es peor para tareas aburridas, pero también está por debajo de lo normal en juegos. El niño se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes. También responde a medicación estimulante.
  3. Dificultad para inhibir impulsos. Dificultad para retrasar la respuesta a una señal. Es el síntoma más duradero, y puede durar hasta la edad adulta, con rendimientos académicos y sociales por debajo de su potencial debido a acciones y decisiones impulsivas. En el niño se traduce en no esperar su turno, interrumpir a otros, responder sin pensar, y tener mayor propensión a accidentes, heridas, etc. Éste síntoma mejora con estimulantes.
  4. Dificultad en llevarse bien. Suelen ser impopulares con los padres, hermanos y profesores. Tienen pocas amistades duraderas. Estos niños suelen meterse en líos y meter a otros en líos, y les es difícil ajustar su respuesta a la situación (por ejemplo: pasar de los juegos y bromas del recreo al trabajo de clase). Este síntoma también mejora con la medicación.
  5. Bajo rendimiento escolar. Tienen problemas de aprendizaje por mala organización, mala memoria secuencial, déficit en actividades psicomotrices finas y gruesas, y habilidades cognitivas improductivas.
  6. Baja autoestima. Debido a su impopularidad, a tener pocos amigos, a meterse siempre en problemas con padres, hermanos, profesores, y al mal rendimiento escolar, estos niños tienen una sensación crónica de fallar en todo y no hacer nada bien, a pesar de intentarlo.
  7. Comorbilidad (tener otros problemas además del TDAH.) Es la norma y no la excepción. Trastornos frecuentemente comórbidos con el TDAH son: trastorno oposicional-desafiante, trastorno de la conducta, trastornos de aprendizaje (verbal y no verbal), ansiedad y depresión.
Para hacer un diagnóstico no solamente se requiere la presencia de suficientes síntomas de forma persistente, sino que tienen que estar presentes en más de un ambiente de la vida del niño (casa, colegio, con amigos...) y además crear problemas importantes. Los síntomas deben estar presentes por encima de lo normal para la edad del niño. Un niño con TDAH no detectado a tiempo puede tener considerables problemas académicos, de relación familiar, de relación social, de conducta en el colegio y riesgo elevado de abuso de sustancias. En niños correctamente diagnosticados y tratados, se pueden prevenir y reconducir las complicaciones. Entre un 40 a un 60% de los niños con TDAH seguirán teniendo síntomas en la edad adulta.

Diagnóstico Diferencial

 
Hay una gran variedad de problemas médicos y psiquiátricos que pueden parecerse al TDAH; Causas médicas o físicas de problemas de atención incluyen problemas de visión o audición, epilepsia, secuelas de traumatismo craneal, enfermedad médica aguda o crónica, malnutrición, o sueño insuficiente por trastorno del sueño o problemas ambientales. Trastorno de ansiedad, o miedo real, depresión (produciendo falta de interés), o las secuelas de abuso o abandono de las necesidades del niño pueden interferir con la atención. Medicaciónes como fenobarbital o carbamacepina y drogas como alcohol, marihuana (porros), cocaina, inhalantes volatiles, etc. pueden disminuir la atención. No está claro aún, si la medicación antiasmática teofilina puede inducir síntomas de TDAH. Además, niños con distintos grados de retraso mental leve, capacidad intelectual en el límite con el retraso mental, y trastornos de aprendizaje pueden ser confundidos con el TDAH. Respecto a la hiperactividad, algunos niños en la parte alta del espectro normal de actividad pueden parecerse a niños con TDAH, o niños con un temperamento difícil. También la enfermedad bipolar de comienzo temprano se puede parecer al TDAH. Es importante que un niño con posible TDAH sea evaluado por su pediatra y si éste tienen dudas sobre el diagnóstico, debe ser evaluado por un especialista en psiquiatria infantil y adolescente. Es importante que los niños con enfermedades neurológicas, posibles trastornos específicos del aprendizaje (dislexia, discalculia, trastorno del aprendizaje no verbal, de matemáticas), o que hayan tenido problemas serios del desarrollo, sean vistos primero por un especialista en neuropediatría para descartar la presencia de enfermedades neurológicas que pueden parecer un TDAH.
 
Dr. César Soutullo Esperón
Especialista en Psiquiatría Consultor Clínico.
Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica
CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
 

Hiperactividad y déficit de atención en los niños


Algunos lo definen como “una de esas enfermedades de moda”, otros como “la consecuencia de una educación demasiado permisiva” e, incluso, como “una etiqueta para conseguir fármacos que liberan a los padres de sus responsabilidades”. La realidad esconde, sin embargo, un problema complejo que pone a prueba la paciencia de muchas familias y que precisa de un buen tratamiento y de información consistente.

Aclarar errores

Un informe aparecido en la prestigiosa publicación British Medical Journal sugiere la necesidad de aclarar algunos aspectos básicos en torno al DAH. Estas preguntas y respuestas pueden ayudarnos a ello.
• ¿Qué es el DAH? No guarda relación con tener malos o buenos padres: escáneres cerebrales de alta tecnología revelan que es un trastorno hereditario que tiene que ver con el funcionamiento cerebral.
• ¿Es únicamente un problema de hiperactividad? No. La hiperactividad es solo una faceta del trastorno, y no todos los niños con DAH tienen ese problema concreto.
• ¿Son peligrosos los fármacos que se emplean habitualmente para el tratamiento del DAH? No. Los estimulantes como el metilfenidato (Ritalin) son una parte esencial de una combinación de tratamientos. Son muy eficaces en lo que se refiere a la mejora de la concentración y la reducción de la hiperactividad y la impulsividad. Los efectos secundarios son leves, y las últimas investigaciones revelan que las preocupaciones de algunos padres respecto a la posibilidad de que sus hijos desarrollen una adicción a los mismos o respecto a la ralentización del crecimiento corporal son infundadas.

Los síntomas

A veces es difícil trazar la línea divisoria para el diagnóstico del DAH. Una de las pistas podría ser que un tipo de comportamiento problemático concreto se convierta en problema persistente. Los síntomas más habituales son:
Falta de atención. El niño se aburre con facilidad. Pasa de un tema a otro y no acaba ninguna cosa. Tiene mala memoria de corto plazo.
Impulsividad. El niño actúa sin pensar, tiene accidentes frecuentes, no valora las consecuencias de sus actos.
Hiperactividad. El niño es inquieto, no puede estar tranquilo, ni quedarse quieto mucho tiempo en ninguna parte.
• Otros comportamientos típicos son: la insistencia (vuelve siempre sobre el mismo tema), la desorganización y el desorden, los constantes cambios de humor y de actividad, las relaciones problemáticas con otros niños y los problemas en el colegio, la extrema sensibilidad a la opinión ajena y la baja autoestima.

Problema complejo

Se conocen distintos tipos de DAH y el trastorno puede incluir problemas de lenguaje y aprendizaje. En algunos niños, puede coexistir con otros problemas psiquiátricos, como el “trastorno de oposición y desafío” y el “trastorno de conducta”, que pueden añadir más conflictos a una vida ya perturbada. Educar a un niño con DAH supone un enorme esfuerzo y desgaste personal y precisa la ayuda de especialistas y de otras personas.

Datos reales del DAH

• Uno de cada mil niños padece el trastorno en Europa.
• Los niños se ven más afectados que las niñas.
• No es consecuencia de una mala educación; sin embargo, los niños que padecen el trastorno tienen más probabilidades de tener familias problemáticas. La explicación está en que se trata de una dolencia de carácter hereditario. En muchos casos, los padres padecen el problema sin saberlo.
• Pruebas de escáner han revelado que la causa del DAH está en una pequeña disfunción cerebral que hace que el niño reciba un exceso de información que es incapaz de asimilar.
• El 60% de los niños con DAH sigue padeciendo el problema incluso cuando llega a la edad adulta.
• El tratamiento incluye técnicas conductuales, fármacos estimulantes, control del estrés y apoyo educativo. Si quieres saber más del problema, puedes conectar con otros padres en: www.anshda.org