lunes, 17 de junio de 2013

Su autoestima necesita los elogios de mamá y papá
 
Los niños de tres años tienen muchos motivos para sentirse orgullosos porque sus progresos son rápidos e incesantes. Quieren demostrar todo lo que saben hacer bien. Dejar que hagan las cosas solos, que superen los retos sin la ayuda de sus padres, acrecienta su autoestima.
 
A los tres años los niños poseen ya mucho más control que el año anterior sobre su cuerpo y sus movimientos son más eficaces. Pueden subir y bajar escaleras con velocidad, caminar hacia atrás, correr, girar y hasta montar en triciclo. Y a medida que van pasando los meses, su agilidad y sus posibilidades no hacen sino aumentar y aumentar.

Un gran desarrollo personal

·                               Saben que hacen gracia y les gusta hacerse los graciosos. Y como están en plena etapa imaginativa y la distinción entre realidad y fantasía no les preocupa demasiado, hasta se llegan a inventar hazañas y batallitas para ver si nos dejan con la boca abierta.
·                               Están sentando las bases de su idea sobre sí mismos, y también de su autovaloración ( autoestima). Ahora empiezan a tener una elemental noción de causa-efecto, con lo que comienzan a atribuirse personalmente los resultados de sus intentos.
·                               Sienten una poderosa motivación por investigar eficazmente lo que les rodea: la curiosidad, el juego, la exploración y sentirse cada vez más competentes. Estos impulsos son innatos y constituyen un valioso equipo que nos dota, a medida que crecemos, para el progreso personal y social, para proponernos metas, objetivos, logros y esforzarnos en su consecución.

¿Cómo deben actuar los padres?

·                               No hay que ridiculizar al niño ni burlarnos de sus alardes e inocentes fanfarronadas. Si actuamos así, estaremos sembrando las semillas de la vergüenza, del temor al ridículo, y ese es uno de los sentimientos más nefastos y paralizantes, que puede convertirse en un rasgo permanente del carácter y arrastrarse de por vida.
·                               Los niños necesitan recibir alabanzas abundantes e incondicionales, independientemente de que los resultados de sus esfuerzos sean exitosos o no. Si les falta ese apoyo, la sombra de la duda y los sentimientos de inferioridad e insuficiencia pueden echar ahora inoportunas raíces difíciles de eliminar.
·                               Tienen un optimismo inquebrantable, una confianza en sus posibilidades inasequible al desaliento, y es bueno que sea así. Influye en ello el egocentrismo propio de esta edad, que no distingue entre la realidad y el deseo. Es necesario el aliento incondicional de los adultos que a los pequeños les hace sentirse un poco supermanes y supermujeres.
·                               Hay que mostrarse asombrados e impresionados por sus hazañas. Si les decimos lo orgullosos que estamos de ellos, encontrarán un gran placer en seguir superándose a sí mismos.
·                               No hay que corregir su fantasía y su lógica infantil con nuestra aplastante lógica de adultos. Si un niño nos dice: «Y entonces yo le pude al león», no se va a hundir el mundo porque le respondamos con un condescendiente: «Jopé, hay que ver qué tío».
·                               Tampoco hay que impulsar a los niños a vivir permanente en la fantasía. Cuando admitimos que nuestro hijo ha vencido al león, será bueno que incluyamos un tono de cierta complicidad, que le indique que en el fondo sabemos que, tanto para él como para nosotros, se trata de una especie de juego. Sin que esto quiera decir que debamos ser burlones ni sarcásticos.
·                               Debemos pasar tiempo con los niños, conversando y respondiendo a las preguntas que les vayan surgiendo, con lo que les estaremos sirviendo de puente hacia el mundo real. Pero sin prisa, porque la fantasía alcanza en estos años su punto culminante y está bien que sea así.

¿Cómo desarrollar una sana autoestima?

·                               Es más importante elogiar su esfuerzo que su habilidad, aunque los resultados de sus esfuerzos no sean del todo brillantes. El que intenten hacer cosas por ellos mismos debe ser ya suficiente para mostrarles nuestra admiración. Evitemos, además, ridiculizarles ante el fracaso.
·                               Organicemos las cosas de modo que el niño no coseche un exceso de fracasos. Cometer fallos de forma repetida es desmotivante, también para los niños. Hagamos que los éxitos sean algo más numerosos que los fracasos.
·                               Aprobar y elogiar incondicionalmente a nuestros hijos no quiere decir consentírselo todo. Un niño que no encuentra límites ni normas se convertirá en un tirano y un inadaptado. Estimular no tiene nada que ver con malcriar. Es necesario ejercer la autoridad.

martes, 11 de junio de 2013

 Por qué tu hijo no sabe o no quiere jugar solo

Cuando el niño nos reclama para todo, nos planteamos ¿es que no es capaz de jugar con sus muñecos o construir una torre sin ayuda?

El juego en solitario (o individual) no es malo para los niños. Jugar solos, a partir de los dos años, les permite divertirse y explorar diferentes formas de estar sin la intervención constante de un adulto, cosa que muy positiva par su desarrollo.

Por ejemplo, el juego individual les permite equivocarse y que no pase nada (no sentirse juzgados en el desempeño). También les permite tomar sus propias decisiones, experimentar con voces o movimientos que delante de nosotros quizá no se atrevan a hacer: poner cara raras frente a un espejo, decir alguna palabrota… Pero no solo es eso: también estimula la creatividad y el juego simbólico, ya que al pequeño no le quedará más remedio que investir de “vida” a sus muñecos para que le acompañen en sus aventuras.

Por eso, ante la pregunta: “¿Pero sabe mi niño jugar solo?”, la respuesta es sí. Pero la cuestión es que muchas veces los adultos confundimos “jugar solos” con “estar solos” porque lo que en realidad necesitamos es tiempo para nosotros. Así, acabamos transmitiéndoles una idea errónea sobre lo que es el juego individual (que no tiene por qué significar estar solo en su habitación), consiguiendo justo lo contrario a lo que pretendíamos: que nuestros hijos aborrezcan la idea de jugar solos porque sienten que no les vamos a hacer ni caso. Entonces, con este panorama, ¿cómo debemos actuar?

El niño necesita jugar solo

Si deseamos que nuestro hijo de dos o tres años vaya aprendiendo a jugar solo, hay varias formas de ayudarle. Podemos alternar momentos de participación de los padres con otros de acompañamiento sin intervención, para que pueda experimentar la sensación de tomar decisiones. Si insiste en que hagamos las cosas por él, podemos decirle que no sabemos y pedirle que nos enseñe él.

En vez de intervenir en el mismo juego, intentemos realizar un juego en paralelo: por ejemplo, mientras él hace su torre, nosotros la nuestra.

A esta edad, todavía es normal que no tengan demasiada “iniciativa” y necesiten de nuestra guía para proponerles juegos distintos. Un consejo: escoger tres o cuatro juguetes diferentes y cambiarlos según disminuya su interés.

A medida que se vaya desenvolviendo bien con algún juego sin nuestra intervención, podemos realizar alguna actividad como leer o hacer algo de casa (en la misma estancia o entrando y saliendo de la suya cada poco para interesarnos por lo que hace). Es importante atenderle siempre que lo necesite. Si nos reclama a menudo es que estamos “forzando” demasiado nuestra ausencia.

La zona de juego

Aunque no queramos convertir nuestro hogar en un “territorio comanche”, alguna concesión (aunque sea temporal) hay que hacer. Una alfombra pequeña y ligera y una caja, llena de juguetes, fácil de transportar son los únicos elementos que necesitamos para improvisar una zona de juego en casi cualquier rincón de la casa. Así, cuando no podamos jugar con ellos (porque tenemos que contestar correos, ducharnos o preparar la comida), lo que sí podemos hacer es proponerles que jueguen a nuestro lado allí donde estemos (sin salirse de la alfombra, eso sí). Jugar no jugaremos, pero al menos les podemos ofrecer estar a su lado.

Jugar a todas horas

Una de las razones para reclamarnos durante el juego puede ser que quizá ese es el único momento del día en el que tienen nuestra atención completa. Y es que, aunque sintamos que les prestamos muchísimo interés, para los niños la atención “plena” o “de calidad” es aquella en la que sus padres participan en su mundo emocional y sus actividades (y no a la inversa). Así, incrementar el carácter lúdico de nuestras actividades diarias (cantar en el autobús, contar coches de color amarillo mientras paseamos, buscar juntos las llaves en el bolso…) representará más tiempo de juego en común.

Darle tareas

Otra opción, que está a medio camino entre jugar solos y jugar con nosotros, es involucrarlos en nuestras actividades como si fueran un juego: meter la ropa sucia en la lavadora (nombrando las prenda y preguntando cómo se llaman las que no sepa), apilar libros o revistas mientras trabajamos o leemos la prensa, ordenar los recipientes de plástico de la cocina (metiendo los pequeños dentro de los grandes)…
 


 

martes, 30 de abril de 2013


¿Ayudar con los deberes?

    Cuando los niños comienzan a traer deberes a casa nos preguntamos qué podemos y debemos hacer. ¿Tenemos que ayudarles a hacerlos? ¿Cómo conseguimos despegarnos de su lado mientras realizan sus tareas?
El curso avanza y cada semana la cantidad de conocimientos que deben manejar los niños aumenta considerablemente. Es necesario tenerlos bien afianzados para seguir avanzando. El trabajo diario es imprescindible para comprender y consolidar la información de las distintas asignaturas que se trabajan en clase y los niños deben adquirir desde el principio una rutina de estudio en consonancia con su edad.

Pero,
¿debemos ayudarles a hacer sus deberes? Hay madres que ven cómo sus hijos son incapaces de realizar sus tareas escolares si no están sentadas a su lado y según avanzan de curso las horas de estudio aumentan y las madres tienen que pasar cada vez más horas junto a sus hijos. ¿Qué se puede hacer ante esta situación?

1.
Actitud: Para empezar hay que iniciar a los niños en la rutina de los deberes y del estudio con una actitud positiva, consiguiendo que lo afronten como una tarea más del día a día y no como un problema. Igual que se lavan los dientes después de comer, hacen sus tareas cada tarde. Para ello hay que mostrarles que obtienen beneficios con el trabajo diario ya que así, manejarán con soltura los términos que aprenden en clase y cada vez les resultará más sencillo trabajar con ellos. 
2.
Un espacio para estudiar: Si no dormimos en el suelo y no comemos encima de la bañera, tampoco podemos hacer los deberes en cualquier sitio. Los niños necesitan un lugar donde realizar sus tareas, un lugar destinado para ello, ordenado y despejado, libre de distracciones para que puedan trabajar tranquilos. Eso no sólo facilitará su concentración sino que creará anclas positivas que les llevará a relacionar su escritorio con el estudio y la concentración de forma inconsciente. 
3.
Primero solos: Los niños tienen maestros en clase que les explican la materia y deben atender en cada asignatura. Así, cuando llevan tarea a casa siempre es sobre temas que ya han trabajado en el aula y que, en principio, ya han de haber comprendido. Por eso, los niños deben leer detenidamente el enunciado de los ejercicios y realizarlos solos favoreciendo de este modo su autonomía en el trabajo y en la resolución de problemas.
4. Supervisión y dudas: Que procuremos la autonomía de nuestros hijos no significa que no podamos ayudarlos. De hecho, si estamos a disposición de nuestros hijos y atendemos a sus preguntas, resolviendo sus dudas, los niños se sentirán reforzados. Sin embargo, nunca hemos de hacerles la tarea o darles las soluciones y sólo les ayudaremos cuando ellos nos lo pidan. Del mismo modo, podemos supervisar su trabajo comprobando que ya ha sido realizado, si bien no tenemos que corregirlo para que el profesor sepa cuál es el rendimiento del menor y si tiene bien asimilados los conocimientos con los que han trabajado. Siempre podemos felicitarles tanto por el trabajo bien hecho como por el esfuerzo realizado.
5.
Tutoría: En caso de que detectemos que nuestro hijo no ha comprendido algo concreto se lo podemos explicar. Sin embargo, si observamos que, en general, no entiende lo que estudian en clases debemos ponernos en contacto con el tutor o la tutora para diagnosticar el problema y saber si se trata de que el niño no presta atención en clase o es que existe algún problema de aprendizaje y el pequeño necesita algún tipo de apoyo.
6.
Descanso: El tiempo que los niños pueden estar concentrados es limitado, por eso no se trata de pasar toda la tarde frente al libro, sino de dedicar el tiempo imprescindible para realizar la tarea. Si ésta se alarga más de lo habitual hay que dejar unos minutos de descanso. El ocio y el juego libre es también muy importante para el desarrollo de los pequeños así que también deben formar parte de sus rutinas diarias.

martes, 19 de marzo de 2013



RELACIÓN PADRES – HIJOS

 

Las orientaciones que desde la familia se debieran seguir de cara a facilitar el desarrollo y mejora de la personalidad y de la conducta de nuestros hijos, podrían ser:


·         Demostrar y manifestar cariño de forma real, incluso y si llega el caso a través del contacto físico.


·         Hacer notar al niño, no sólo con gestos, sino también con palabras, lo bien que nos sentimos con él.

 
·         Elogiar de forma correcta: concreta y creíble y no de forma general y cáustica. No insistir en las descalificaciones continuas. Tender especialmente a realzar de forma muy expresiva y manifiesta las conductas positivas que tenga por mínimas que sean y a ignorar, que no consentir, las conductas negativas.

 
·         Actuar más por hechos y acciones que por palabras; las retóricas, discursos… suelen ser de poca utilidad, los niños se acostumbran a ellos y son ineficaces y contraproducentes.

 
·         Los silencios con cara de seriedad pueden ser mucho más efectivos que palabras a destiempo.

 
·         Mantener por nuestra parte siempre una actitud serena, tranquila y de dominio permanente de la situación, no nos dejar desquiciar por las conductas del niño. La autoridad debe estar siempre en los padres.

 
·         Ser dialogantes y tolerantes, pero no consentidores, con la misma serenidad y amabilidad con que la que le premiamos, también con esa misma serenidad y contundencia se les puede y se les debe sancionar; deben acostumbrarse a y saber que siempre deben cumplir las normas.

 
·         Los castigos han de ser cortos y realistas y deben cumplirse con rigor, no deben ser perdonados por personas ajenas a las que lo impusieron y deben aplicarse de forma inmediata a producirse la acción negativa. La aplicación no debe diferirse en el tiempo.          

 
·         El castigo debe ser el último recurso a emplear y no se debe abusar de él pues pierde la posible eficacia que pueda tener.

 
·         Ser coherente y sistemáticos en la aplicación de refuerzos sobre todo cuando son positivos y por tanto contingentes a conductas deseadas. De cualquier forma siempre es conveniente que el niño conozca con claridad las consecuencias de su conducta, ya sea ésta positiva o negativa. Las normas ha cumplir han de ser claras, sencillas y conocidas en todo momento.

 
·         No debe haber arbitrariedad en la aplicación de las normas. Ser ponderados siempre en la aplicación tanto de premios como de castigos, no dejarlo al estado de ánimo que tengamos en cada momento.

·         Compartir sentimientos con el niño, ya sean positivos o negativos, así se evitará que se sientan culpables de los posibles sentimientos negativos de los padres.

 
·         Saber escuchar y no utilizar juicios previos, escuchar las razones de los niños. Consensuar y hacerles partícipes de la elaboración de las normas y de las decisiones que haya que tomar.

 
·         Fomentar y apoyar que el niño exprese ideas propias y que no necesariamente tienen porque ser coincidentes con las de los mayores y más en concreto con las de la familia. En general potenciar el comportamiento autónomo, aunque responsable, en cualquier ámbito.

 
·         Hacer notar las habilidades y aptitudes específicas de los niños y especialmente de aquellas en las que más brillan.

 
·         Reforzar siempre la creatividad y las iniciativas positivas propias que puedan tener, aunque nos parezca que todavía son pequeños.


·         Exigir siempre las responsabilidades que son propias de cada edad, evitando caer tanto en el sobreproteccionismo como en las exigencias exageradas. Evitar asimismo expectativas propias de otra época: "Es que antes, a esa edad…". Debemos intentar que desde pequeños vayan cumpliendo todas las pequeñas rutinas y hábitos propios de cada edad (vestirse, desvestirse, alimentación, higiene, relación, lenguaje…).


·         Estimular en el niño la responsabilidad personal y la toma de decisiones en todos los ámbitos (vestido, amigos, juegos y ocio…).


·         Instarles desde pequeños a que se organicen y planifiquen todas las cosas que son de su incumbencia: habitación, lugar de estudio, material escolar, tiempos de estudio, actividades extraescolares…

 
·         Conocer las reglas del hogar con claridad, sin ambigüedades; normas claras, asequibles y dentro de lo posible consensuadas por todos. Asimismo aplicarlas y cumplirlas todos por igual. No sirve lo de "Haz lo que digo, no lo que hago". Al contrario, los padres son los "modelos" en los que se ven los hijos para imitar y adquirir nuevas conductas. El niño debe tener muy claro siempre las conductas que son esperables de él.


·         Dialogar y conversar como práctica habitual con los niños; no dejar de contestar ninguna pregunta por inadecuada que nos parezca ni tampoco utilizar evasiones como: "Aún eres pequeño para entenderlo...", "esto son cosas de mayores...", “no tengo tiempo para tonterías.”

 
·         Respetar y aceptar el perfil caracterial del niño, ayudarle a que se acepte a sí mismo, tanto física como psicológicamente, intentar cambiar y mejorar aspectos y actitudes concretas pero no intentar que se acabe pareciendo a nadie.


·         Desde el ámbito familiar intervenir tanto el padre como la madre en la educación integral del niño; ésta no es competencia en exclusiva ni prioritaria de ninguno de los dos, sino que debe ser objetivo común de ambos.


·         Ayudar al niño a superar los sentimientos y autopercepciones negativas.

 

Respecto al ámbito académico las consideraciones a tener en cuanta por parte de los padres podrían ser:

 
·         Preocuparse por los temas escolares. Hablar con el niño de sus progresos, dificultades e inquietudes escolares. Debe percibir interés real de los padres por lo escolar y que, por tanto, valoran en su justa medida no sólo los resultados sino también el esfuerzo y la dedicación.


·         Ayudarle en la resolución de las tareas y deberes.


·         Facilitar que el lugar y hábitos de estudio sean los adecuados.

 
·         Revisar e interesarse regularmente por los materiales y trabajos que se hacen en el colegio. Valorarlos adecuadamente.


·         No descalificar al profesor delante del alumno; en caso de conflicto escuchar a todas las partes intentando solucionarlo de forma positiva sin tener que llegar a descalificaciones.


·         Visitar al tutor con regularidad para interesarnos por la marcha escolar del niño; será una forma de que éste perciba que se valora realmente todo el trabajo escolar.


·         Evitar comparaciones del niño con hermanos, amigos, compañeros, etc., sobre todo si son comparaciones negativas y pueden afectar a la autoestima académica y personal del niño.

 

viernes, 1 de febrero de 2013

La importancia de la lectura en los niños

Cómo motivar a los niños para aficionarles a la lectura

La lectura es la llave prodigiosa de la información, de la cultura, del mundo de la ficción, de la fantasía.… Conseguirla no es tan sencillo: está al alcance de todos los niños, pero con condiciones. La importancia de la lectura en los niños se basa en sus beneficios a la hora de estudiar y adquirir conocimientos. La colaboración de los padres es necesaria para impulsar el proceso de aprendizaje.

Leer y compartir libros con los niños


La importancia de la lectura en los niños
 
 
Hay una labor familiar de preparación extremadamente importante antes de que los niños aprendan a leer, y de seguimiento, después. Aunque resulte increíble, se recomienda poner a los niños en contacto con la lectura a partir de un año aproximadamente. Hablamos de cuentos con grandes imágenes y poco texto, que se irán complicando y ampliando a la medida del “lector”. Merece la pena “perder” el tiempo con los niños leyéndoles y contándoles historias porque los efectos pueden ser muy positivos. A corto plazo la lectura permite:
 
1. Enriquecer la relación adulto-niño
En esta relación mágica, niño-adulto-libro, el padre, la madre son los encargados de maravillar a su hijo con el libro y de descubrirle el mundo sorprendente que guarda. Estos momentos de “lectura” son muy gratificantes, porque están, además, envueltos en afectividad.
 
2. Familiarizar al niño con los textos
•- Acostumbrándole al objeto: al niño le gusta imitar a sus padres.
- Mostrándole que los pequeños signos negros tienen un significado.
- Haciéndole experimentar la permanencia de la palabra escrita. Cuando llegue al colegio, la lectura le parecerá una actividad necesaria e interesante.
 
3. Ampliar y organizar el universo del niño
Tanto las imágenes como los textos le ayudarán a:
•- Conocer el mundo.
- Conocerse a sí mismo.
•- Dominar el entorno real. Los textos le adelantarán, además, futuras experiencias.
 
4. Desarrollar las capacidades mentales del niño
- Memoria. El niño podrá contar el cuento que le ha leído, siguiendo las imágenes.
- Lenguaje. A través de la lectura oída, el pequeño ampliará su vocabulario y aprenderá frases cada vez más complicadas.
- Capacidad de abstracción. El niño establece la relación entre los objetos que ha visto en la realidad y la representación de los mismos en las ilustraciones. Pasa, en consecuencia, a un nivel de abstracción.
- Imaginación. A partir de la imagen y del texto, el niño comienza a construir su propia representación, a crear una realidad en su mente.
 

Ideas que ayudan a motivar a los niños a leer

 
•- Un niño de siete años no digiere cualquier libro. Si no comprende lo que lee, no desarrollará una auténtica actividad de lector.
•- El lector principiante necesita un texto a la medida de sus capacidades, adaptado a su sensibilidad, que tenga en cuenta su lenta progresión.
- La lectura-placer es un magnífico entrenamiento para entender y apreciar los libros de texto. Y los libros de texto sugieren aficiones y otras lecturas.
•- Hay que dejar al niño elegir las lecturas. Si no termina un cuento, tal vez no sea por pereza o inconstancia, sencillamente se ha equivocado en la elección. Tendrá muchas oportunidades en su vida escolar y familiar para encontrar temas interesantes.
•- Para acompañar a un lector que empieza, es preciso conocer sus gustos. Animales, brujas, la prehistoria...… La propuesta debe ser amplia y variada. Si un niño está fascinado por un tema, decidirá voluntariamente detenerse en comprender el texto, ayudado por las imágenes.
•- Al principio conviene seguir leyéndole los textos, porque su lectura es dificultosa y lenta y puede acabar cortando la comunicación.
•- No se debe confundir la lectura escolar, que es un ejercicio de progresión, y la lectura-placer. En la lectura-placer se puede equivocar, interpretar mal el sentido. No importa. Él solo se corregirá.
•- La cita periódica y puntual con la lectura-placer es muy positiva.
-• Libros, revistas, cómics. La calidad es lo importante.
 

Empezar a leer desde niño…

Los especialistas en lectura están de acuerdo en que leer es un hábito, un placer, que difícilmente se adquiere en la edad adulta. Y que la afición a la lectura tiene muchas posibilidades de consolidarse cuando se ha despertado en la niñez. A veces escuchamos a los padres lamentarse: “a mi hijo no le gusta leer”. Y lo dicen con cierta inquietud. En realidad, hay muchas personas a las que no les gusta leer. Es una cuestión de temperamento, de intereses, de medio… Leer es una actividad contemplativa que necesita concentración, silencio, aislamiento, inmovilidad, exclusividad. Pero, a pesar de las excepciones, la afición a la lectura depende también de cómo se haya abordado la cuestión cuando los niños ya leen.
Muchas veces se ha considerado que un niño sabe leer porque pronuncia una frase escrita. A los seis o siete años aproximadamente, comienza a utilizar un código, pero le hará falta tiempo para saber utilizarlo realmente. Porque saber leer es apropiarse del texto: elegir la lectura, leer rápidamente, ser capaz de servirse del texto para algo, hablar del mensaje, completarlo y ampliarlo con otras lecturas.
 

La recompensa del placer de leer

Leer demanda un esfuerzo y es preciso recibir una recompensa. Hay muchas formas de entrar en la lectura. Se lee para:
- Instruirse y aprender
- “Crecer”
- Pasar un buen rato
- Pensar y reflexionar
- Viajar
- Conocer otras formas de pensar
- Afirmar la personalidad
- Relajar tensiones
- Informarse…

martes, 15 de enero de 2013

Ayudas para alumnos con necesidad específica de apoyo educativo 2012-2013

 
Es una satisfacción muy grande para mí anunciaros que de las 20 becas solicitadas solamente 1 fue denegada por altos ingresos. Enhorabuena a todos y que el trabajo que se va a realizar en los gabinetes sea de mucho provecho  para vuestros hijos.
 
Un saludo:
 
Dpto de Orientación 

martes, 8 de enero de 2013

Tratamiento para el déficit de atención e hiperactividad

Tratamiento psicológico y farmacológico de la hiperactividad en niños

 
El TDAH es un problema principlamente de origen genético en el que existe una alteración que bloquea la capacidad de planificar una acción, mantener una acción con un objetivo, y dereducir las distracciones para enfocar la atención en la parte importante de lo que estamos haciendo. Al no funcionar adecuadamente en niños con TDAH, tienen síntomas de hiperactividad motora, impulsividad, e inatención.
 
El TDAH es un problema serio y debe ser tratado por un equipo de especialistas con experiencia en el tratamiento de niños con problemas psiquiátricos y del comportamiento, y con posibilidad de coordinar los recursos en el colegio, y apoyar a los padres.
Tratamiento de la hiperactividad

Tratamiento para el déficit de atención

 
El tratamiento implica varios tipos de psicoterapia:
  1. Psicoeducación y entrenamiento a los padres para controlar el comportamiento del niño, para prevenir y anticipar las reacciones explosivas
  2. Terapia familiar e individual que reduce el stress en la familia debido a la enfermedad del niño
  3. Apoyo en el colegio en las áreas donde el niño está más necesitado.
A los padres se les entrena para que puedan priorizar los comportamientos que quieren que el niño consiga, poniendo al principio de la lista lo importante y dejando muchas órdenes no importantes para el final (o simplemente ignorandolas). También se les entrena en reconocer los sintomas del TDAH, que no es culpa del niño y en la importancia de que el niño tome el tratamiento médico todos los días.
A nivel escolar, no es necesario disminuir la exigencia, pero hay estrategias que mejoran la eficacia del niño para obtener mejores resultados. A veces deben organizarse las tareas del niño secuencialmente, ya que él no se puede organizar sólo. Se premian y reconocen los comportamientos positivos en casa y en el colegio, con el llamado sistema de puntos.
También se enseña al niño a controlarse y monitorizar sus actividades inapropiadas, para que se vaya dando cuenta de cómo sus comportamientos interrumpen y molestan a los demás, y cómo intentar reducirlos. Además debe tenerse en cuenta que el TDAH puede estar acompañado de otros problemas psiquiátricos como depresión o ansiedad, que también requieren atención.
La comunicación entre padres, médicos (pediatra, psiquiatra infantil), psicólogos y profesores debe ser fluida y coordinada, para presentar todo el equipo una idea homogénea al niño, y que no detecte fisuras o desacuerdos en el equipo.
 

Tratamiento farmacológico para el déficit de atención o hiperactividad

 
Aunque algunas formas leves de TDAH se pueden controlar a veces con tratamiento no farmacológico, sin embargo, los estudios indican que el tratamiento más eficaz es una combinación de una medicación, psicoterapia conductual, entrenamiento a los padres y apoyo escolar.
El medicamento más utilizado para el tratamiento del TDAH es el Metilfenidato. Es un estimulante que mejoran tanto la hiperactividad como la inatención en niños con TDAH. Aunque suele tolerarse bien, como es un estimulante a veces puede producir algunos efectos secundarios generalmente leves y fácilmente reversibles bajando la dosis. Estos serían: diminución del apetito, o disminución del sueño (la última dosis no debe darse más tarde de las 4 o 5 de la tarde).
Debe tomarse todos los días, no sólo cuando hay colegio, y también en el verano, porque si no el comportamiento es malo durante los fines de semana o las vacaciones. Además los niños no sólo aprenden en el colegio, sino en cualquier situación.
La Atomoxetina es un nuevo medicamento no derivado anfetamínico eficaz en el tratamiento del TDAH. También es de primera elección en pacientes con TDAH. Su efecto positivo dura todo el día (unas 12 a 20 horas) y puede administrarse en una sola toma por la mañana. Además no tiene potencial de abuso, puede mejorar la ansiedad y no empeora los tics. Aunque es un medicamento nuevo, está muy bien estudiado y lleva varios años siendo utilizado en muchos paises (EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Canada, Australia...) y más de 4 millones de personas lo han tomado, sin problemas de seguridad y con eficacia, en niños, adolescentes y adultos con TDAH.
Hay otros medicamentos como antidepresivos tricíclicos (imipramina), el antidepresivo bupropion y la clonidina que también son útiles en niños que no responden o no toleran el metilfenidato, pero en general suelen mejorar más la hiperactividad y no tanto la inatención, y tienen otros efectos secundarios. Se están investigando nuevas medicaciones para tratar el TDAH. La Clínica Universidad de Navarra (Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica) está participando en estudios internacionales de nuevas medicaciones en el TDAH. Además, en el futuro habrá otras formas de presentación de las medicaciones existentes, como metilfenidato en parches cutáneos o formas en jarabe.
 
Dr. César Soutullo Esperón
Especialista en Psiquiatría de la Clínica Universitaria de Navarra