jueves, 22 de mayo de 2014

Le duele la tripa: ¿cuándo debo preocuparme y cuándo es cuento?

Salud: Le duele la tripa: ¿cuándo debo preocuparme y cuándo es cuento?No debemos restar importancia a las señales del niño pero tampoco generar alarma, pues esto puede, incluso, crear más preocupación en el pequeño y aumentar su dolor.

A Fran le duele la tripa, dice que le duele mucho, así que en el último minuto su madre llama al trabajo, y se queda en casa con él. Su sorpresa es mayúscula cuando diez minutos más tarde lo encuentra jugando feliz, sin síntoma alguno. «Me has engañado, tú no estás malo», le dice a Fran enfadada. El niño la mira consternado. Y es que a Fran sí le ocurría algo, pero ya no, o al menos ya no tanto. Quedarse en casa con su madre le ha hecho sentir seguro y su dolor de barriga ha desaparecido. ¿Qué puede estar pasándole?
La neurocientífica Sonia Lupien, investigadora del estrés en el Instituto Universitario de Salud Mental de Montreal, afirma que en los niños el dolor abdominal es la primera señal de estrés. Cuando el estrés empieza a cronificarse la digestión cambia y lo que en los adultos se manifiesta como problemas de digestión, en los niños aparece como «dolor de barriga».
La situación en la que se presenta el dolor de tripa y la forma en que se va nos dan pistas. Si el niño se queja cuando nos preparamos para llevarle al cole, lo que le pasa puede estar relacionado con el centro escolar. Tal vez tiene algún problema, le han pegado en el recreo, le ha regañado la «seño», su mejor amigo le ha dicho que ya no es su amigo o tiene un examen.
También puede tener que ver con nosotras: a lo mejor no quiere separarse de mamá, por cualquier motivo. Perderla de vista le provoca estrés.
«Los niños suelen representar sus conflictos psíquicos a través del cuerpo o del comportamiento», recuerda el psicólogo Pablo García Túnez. Hemos de atender sus señales con sensibilidad. También con cuidado, porque si cada vez que le duele la barriga lo dejamos en casa en lugar de ayudarle a afrontar sus dificultades, es posible que diga que le duele la barriga cada vez que no quiera ir al cole. Debemos ayudarle a afrontar la situación que le causa estrés, en lugar de reforzar que la evite, siempre, con flexibilidad.
Cuando un niño se queja a menudo de dolor de barriga la primera medida será visitar al pediatra: él descartará o confirmará algunas de las causas más comunes del dolor de barriga de origen físico, como el estreñimiento, las intolerancias alimentarias o los parásitos intestinales, entre otros. Si el médico concluye que el origen no es físico, tendremos que afrontar el asunto de otra manera.
¿Puede el niño tener dolor de barriga sin que haya una causa física? Sí. Se llama dolor de barriga funcional. Lo llamamos «cuento», pero de cuento no tiene nada.
Este dolor funcional suele ser difuso, en torno al ombligo. Si le pides al niño que señale dónde le duele, no concretará dónde es. Y puede aparecer coincidiendo con ciertas situaciones. Sin embargo, el dolor suele tener un origen físico, si va acompañado de otros síntomas, si despierta al niño por la noche, si se localiza en un punto concreto, si va acompañado de dolor de espalda o si el pequeño ha perdido peso o ha dejado de crecer.
De los dos dolores, el más común, con diferencia, es el funcional. Entre el 15% y el 20% de niños y adolescentes en edad escolar sufre alguna vez este problema. Sin embargo, cuando el pediatra descarta la causa física, a veces respiramos tranquilos y concluimos: «Pues ya está, no le pasa nada». No es cierto. Le pasa, y hemos de buscar soluciones, igual que lo haríamos ante unos parásitos intestinales.

Cómo actuar

«Cuando un conflicto psíquico se expresa a través del cuerpo es normalmente por falta de recursos: cuando las cosas se pueden hablar, el malestar corporal disminuye», afirma Pablo García Túnez. A veces ni siquiera es necesario encontrar una solución: basta con decir lo que pasa para que desaparezca el dolorfísico y emocional.
Hay muchas cosas que los padres pueden hacer para ayudar a su hijo, y esta es quizá la más importante: mirar al niño, escucharlo, crear un clima en el que pueda expresarse. Observar, de forma indirecta, su vida para localizar eso que le resulta tan estresante: ¿sufre acoso en el cole, asiste a menudo a discusiones fuertes entre nosotros, se ha muerto su mascota, se ha mudado de casa su mejor amigo? Hay asuntos a los que los adultos no damos importancia pero que generan un gran conflicto en el niño.
La palabra no es la única forma de expresión. Cuanto más pequeños son los niños, más importancia cobran otras vías, como el dibujo y, sobre todo, el juego. Los niños resuelven sus problemas jugando. Entre el 30 y el 50% de los dolores de barriga recurrentes de origen funcional desaparecen de forma espontánea; y es que los niños siempre buscan la manera de solucionar sus conflictos, si les dejamos mucho tiempo de juego.
También podemos favorecer que nuestro hijo haga deporte, porque le ayudará a liberar estrés, y dar prioridad a las actividades en las que se siente bien: ir al cine juntos, hacer excursiones, etc.
Es suficiente con localizar el conflicto, prestarle atención, escucharlo. «Es como cuando se cae, le acariciamos y se le va el dolor», recuerda Pablo García Túnez. Si lo escuchamos, lo mimamos, lo acariciamos, jugamos más con él, sin por eso dejar de mantener los límites necesarios y las normas básicas que rigen la convivencia, puede que vaya resolviendo su conflicto.
Si el dolor de barriga persiste y además va acompañado de ansiedad, agresividad o timidez, ha llegado el momento de buscar un especialista, alguien que le ayude a desarrollar herramientas para afrontar sus dificultades.

Por: Pablo García Túnez, psicólogo clínico infantil, vocal del Consejo Andaluz para Asuntos de Menores.

viernes, 4 de abril de 2014


Remedios para combatir su mal humor


Nuestros hijos ya no son bebés y quieren comportarse como los niños mayores que son (o creen ser). Si les llevamos la contraria, ya no cogen rabietas de unos minutos, sino que se ponen de un humor insoportable.
Ha desaparecido la felicidad espontánea que tenían de bebés y a veces parece que el mal genio domina su personalidad. A los cinco y seis años, los niños ya quieren tomar sus propias decisiones. Si les contradecimos pueden volverse muy cabezones.
Cuanto más les negamos algo más lo quieren, ya que a través de estos gestos reafirman su propia identidad. Creen que no hay derecho a que los adultos les impongan las reglas. Han aprendido a encender la tele, comer solos o ponerse el pijama, pero tienen que hacerlo cuando un adulto se lo pide. "¡Qué injusto! Pues entonces voy y me enfado".

¡Cómo se ponen!

El carácter de tu hijo tiene mucho que ver con su forma de enfadarse, pero también influye mucho el entorno que en el que vive y la educación que recibe de sus padres.
·         Si en casa percibe comportamientos agresivos es probable que grite, arroje objetos, llore... Si los papás no hacen estas cosas, se limitará a poner malas caras y a encerrarse en sí mismo.
·         Si del mal humor pasa a los arrebatos, debemos zanjarlos con contundencia, especialmente si infringe las normas como pegar, insultar o romper.
·         Cuando no atienda a razones, podemos darle un tiempo muerto para que se tranquilice y reflexione sobre su mal comportamiento. Por ejemplo, mandarle a un rincón de la casa donde lo podamos ver, sentadito en una silla mirando hacia la pared, durante unos tres minutos (es buena idea que tenga un reloj a la vista para que no se desespere). Debe conseguir estarse quieto y relajarse.

Halagos en vez de reproches

·         Si tu hijo pasa por muchos episodios de mal genio al día es posible que quiera llamar tu atención. Está demostrado que los adultos prestan mayor atención a los niños cuando despliegan malos gestos que cuando no lo hacen.
·         Debemos reforzar el buen comportamiento del pequeño, diciéndole cosas como: "Me alegra mucho que hayas recogido tus juguetes del salón", o "vi que cuando se le cayó el osito a tu hermana se lo recogiste y se lo diste, fuiste muy amable". No hay que mezclar halago con crítica, diciendo cosas como: "Qué bien que hoy te laves los dientes sin rechistar, no como otras veces", en cuyo caso la frase pierde su efecto positivo.
·         Prestarle mayor atención a su buen comportamiento no significa que haya que ignorarle cuando esté de mal humor. Todos nos irritamos y no hay que reprimir esa sensación. La frustración y el enfado son parte del crecimiento. Por suerte, los malhumores de los niños se esfuman en cuanto aparece un estímulo más interesante.

Ideas de padres ingeniosos contra los malos humores de los niños
·         Vicente se enfada cuando no le salen los deberes o cuando lee algo y no lo entiende. Al principio, su madre intentaba calmarle pero él no se dejaba ayudar. Ahora le deja desfogarse un poquito antes intentar echarle una mano.
·         Cuando Irene se enfurruña no siempre sabe por qué ha sido, a veces porque ha pensado en algo malo, otras porque se aburre... Como es una niña introvertida, a su padre se le ocurrió darle papel y lápices para que dibujara su mal humor. Ahora tiene una colección preciosa de malos genios, oscuros, rojos y naranjas, con cara de conejo...
·         Hugo se pone de mal humor cuando tiene hambre, cuando no le dan lo que pide... Sus padres consiguen que se le pase haciéndole pensar en cosas buenas como lo bien que lo pasaron cuando fueron al parque acuático con los primos, en las últimas vacaciones o la megatarta que comieron en su cumpleaños y que pronto podrían preparar otra vez.
·         Cuando llega la hora de dormir, Julia enfurruña y se niega a irse a la cama. Su madre se lo avisa un ratito antes de la hora. Así se va haciendo a la idea poco a poco.

Enseñarles a valorar lo que tienen

·         Para ayudarles a encajar mejor los inconvenientes de la vida, es muy importante que le enseñes a ver el lado positivo de las cosas: "Te has peleado con tu amigo, pero cuando te reconcilies seréis aún más amigos".
·         Hay que hacerles ver la botella medio llena y no medio vacía, enseñarles a valorar lo que tienen, no lo que les falta, porque siempre les va a faltar algo.
·         Un problema puede tener muchas soluciones y los pequeños deben aprender a encontrar varias salidas. Siempre les podemos ayudar diciéndoles: "No podemos ir al cine, pero podemos hacer otra cosa en su lugar".
·         Los padres deben escuchar a sus hijos. Puede que el niño esté enfadado con razón: se le ha roto su muñeco, el profe ha sido injusto con él... En estos casos, no hay que silenciar su mal genio, sino mostrar empatía y enseñarle a sobrellevarlo.


miércoles, 2 de abril de 2014

Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo


AUTISMO INFANTIL


¿Y si mi hijo es autista?

El autismo es un trastorno en las capacidades de reconocimiento y comunicación social. Se caracteriza por patrones repetitivos de actividad y tendencia a la rutina.
¿Qué síntomas pueden indicar que un niño es autista? Existen algunos indicadores tempranos en eldesarrollo de los niños que hacen recomendable un estudio más exhaustivo para confirmar o descartar el autismo.
El diagnóstico precoz es particularmente importante: cuanto antes lo detectemos, antes podrá recibir el niño los cuidados y la estimulación que necesita.
La Confederación Autismo España, que agrupa a 70 entidades que trabajan con personas con Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) y sus familias, señala ciertos indicadores en función de la edad del niño. Es un primer lugar fundamental al que acudir para resolver dudas y encontrar recursos y especialistas en tu zona.

Indicadores de que el niño puede presentar un trastorno del espectro del autismo (TEA):

Hacia los 12 meses

  • No balbucea.
  • No hace gestos como señalar, mostrar objetos o saludar.
  • No reconoce su nombre.

Hacia los 18 meses

  • No dice palabras sencillas.

Entre los 18 y los 36 meses:

  • Sordera aparente, no responde a las llamadas e indicaciones. Parece que oye algunas cosas y otras no.
  • No persigue por la casa a los miembros de la familia ni alza los brazos cuando está en la cuna para que le cojan. Parece que nos ignora.
  • Cuando se le recoge de la cuna o el parque no sonríe ni se alegra de ver al adulto.
  • No señala con el dedo y mira al adulto para comprobar que éste está también mirando donde él señala.
  • No señala con el dedo para compartir experiencias ni para pedir.
  • Tiene dificultades con el contacto ocular, casi nunca lo hace y cuando mira hay veces que parece que "atraviese con la mirada" como si no hubiera nada delante de él.
  • No mira a las personas ni lo que están haciendo.
  • Cuando se cae no llora y no busca consuelo.
  • Es excesivamente independiente.
  • Reacciona desproporcionadamente a algunos estímulos (es muy sensible a algunos sonidos o texturas).
  • No reacciona cuando se le llama por su nombre.
  • Prefiere jugar solo.
  • No dice adiós.
  • No sabe jugar con los juguetes.

A partir de los 36 meses:

  • Tiende a ignorar a los niños de su edad, no juega con ellos ni busca interacción.
  • Presenta un juego repetitivo y utiliza objetos y juegos de manera inapropiada, ejemplo: gira constantemente los objetos, juega con trocitos de papel delante de los ojos, alinea objetos...
  • Puede presentar movimientos esteriotipados o repetitivos como aleteo con las manos, saltitos, balanceo... camina de puntillas.
  • Ausencia de lenguaje, o éste es repetitivo y sin significado aparente con tono de voz inapropiado. No dice cosas que antes decía.
  • No existe imitación.
  • Evita la mirada y el contacto.
  • Parece cómodo cuando está solo y tiene problemas para aceptar cambios en su rutina.
  • Tiene apego inusual a ciertos objetos.
  • Tiene muchas rabietas.
  • Está en su mundo.

Es imprescindible la evaluación por parte del especialista si el niño:

  • No balbucea o no hace gestos de interacción con 12 meses.
  • No dice palabras aisladas con 16 meses.
  • No dice frases completas con 24 meses.
  • Cualquier regresión o pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad.

Por: Belén Juan

lunes, 7 de octubre de 2013

Problemas de la vista

Problemas de la vista: Cómo detectar la miopía en los niños


Cómo detectar la miopía en los niños

Los más peques no saben si ven bien o no, por eso debemos estar atentos a los síntomas de la miopía o de cualquier otro problema de la vista.
  
Los síntomas de baja agudeza visual no son específicos de la miopía, pero muchos niños miopes pueden tener algunos de ellos: retraso escolar, estrabismo, dolor de cabeza... Las personas miopes, además, suelen echar la cabeza hacia delante y achinar los ojos para mirar.
A María nunca la encontrabas viendo la tele. “¿No quieres que te ponga dibujos?”, le preguntaba su madre extrañada. La respuesta siempre era “no, no me gustan”. Sara había sido testigo de otras rarezas de su hija, como que no le gustara el chocolate o las gominolas, pero que no le gustaran los dibujos animados, fueran del tipo que fueran, estaba fuera de lo normal. La llevó al pediatra y este la derivó al oculista, que le hizo una revisión a fondo. Diagnóstico: miopía.

Síntomas

No existe una edad establecida para empezar a ser miope, un defecto de la visión que hace que quien la padece vea mal de lejos. En los más pequeños, pasa desapercibida porque el medio en el que se relacionan es el entorno más cercano: tienen los juguetes muy cerca, al igual que los amiguitos en el parque. La doctora Belén Gutiérrez Partida, oftalmóloga adjunta del Servicio de Oftalmología Infantil del Hospital Niño Jesús, aclara que “los síntomas de baja agudeza visual no son específicos de la miopía”, pero explica cuáles serían los más frecuentes:
  • Se queja porque no ve la pizarra. En algunos casos son los propios niños quienes piden ponerse más cerca; en otros, simplemente dicen no ver. Quizá ya eran miopes, pero es cuando empiezan la vida escolar, a los cinco o seis años, cuando se diagnostica. También es frecuente que aparezca al dar el estirón, entre los diez y doce años. Cuando ellos crecen, también lo hace la miopía.
  • Retraso escolar. Hay veces en las que el niño no es consciente de que tiene un problema de visión, no se queja y continúa el curso sin que nadie se dé cuenta de que no ve bien la pizarra. A ojos de los demás será un niño que “no se entera bien, le cuesta”. Pero es que ¡no ve lo que hay que hacer!
  • No reconoce a los padres a la salida del colegio. A esta edad salen corriendo, en grupo y casi a la vez. En pocos segundos cada niño va directo a la mano de sus padres, pero un niño miope tarda más que el resto en encontrarlos, va dubitativo. Es un claro síntoma de miopía: estira el cuello y echa la cabeza hacia delante para mirar.
  • Achina los ojos. Los entrecierra para intentar ver mejor. Es un gesto muy típico de las personas miopes, que les ayuda a enfocar más la visión.
  • El padre o madre es miope. La miopía es hereditaria. “En familias con defectos de graduación conocidos en los padres, sería recomendable una revisión antes de los cuatro años, aunque sean asintomáticos”, afirma la doctora Gutiérrez, especialmente si uno de los progenitores es miope magno (más de seis u ocho dioptrías).
  • Se frota los ojos a menudo o los guiña. Si lo hace de forma habitual es que algo pasa y convendría llevarle a revisión.
  • Está aislado. Podría ser por muchas causas, una de ellas que no ve bien, lo que le impide relacionarse con normalidad con el entorno.
  • Estrabismo. Hablamos del famoso ojo vago, más común con hipermetropía que con miopía.
  • Cefaleas. Son más habituales en hipermétropes, pero también se dan en niños miopes.

¿Debemos llevar al niño a urgencias?

Es importante saber por qué el niño ve mal. Se debe acudir al oftalmólogo y, mientras tanto, hacer vida normal. No le va a aumentar la miopía porque tarden dos meses en ponerle gafas. Estos son los únicos casos relacionados con la visión por los que hay que ir a urgencias:
  • Tiene algo blanco, como una manchita, que se observa a través de la pupila.
  • Un ojo parece más grande que otro.
  • En un ojo se distingue perfectamente el color y el otro está más blanquecino, parece que no está nítido.
  • Ha recibido un golpe fuerte en un ojo o en una zona muy cerca de las cuencas visuales.
  • Tuerce los ojos de forma repentina y nunca antes había torcido ninguno, ni siquiera un poco.

Falsos mitos sobre las gafas de los niños miopes

Con gafas, la miopía va a más. Esto es totalmente falso. El niño se acostumbra a las gafas, cierto, porque ve mejor con ellas, pero la miopía no le va a subir o bajar por el hecho de llevar gafas, sino por otros motivos.
Cuanta menos graduación, mejor. Se da el caso de padres que piden al óptico que ponga a su hijo un poquito menos de graduación en las gafas, pensando que será más beneficioso para el niño, porque así “no se acostumbra”. La oftalmóloga del Hospital Niño Jesús explica que en algunos casos, cuando el niño es muy pequeño, se le pone menos graduación de la real, pero si tiene diferencias de un ojo a otro es muy importante ponerle toda. “Y en cualquier caso, siempre hay que hacer lo que recomiende el oftalmólogo pediátrico”, añade.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Celos entre hermanos

Compiten por todo: por el cariño de mamá o por quién tiene más patatas fritas. ¿Por qué se genera tanta rivalidad entre hermanos? Te damos algunos consejos para actuar cuando tus hijos se pelean.

“¡Quiero irme con otra familia!”, grita Pablo al borde de las lágrimas. Tiene cuatro años y siente un intenso odio hacia Javi, su hermano de tres años, un odio más o menos del mismo tamaño que el amor que experimenta cuando juegan en la bañera a los piratas. Mamá se ha puesto de su parte, como siempre, y le gustaría que Javi se muriera. Sus pensamientos le asustan y se siente fatal. Marcharse a otra casa es quizá la única forma de librarse de esa horrible sensación. Y de castigar a mamá, claro.
Su madre lo vive de otra forma. Solo sabe que cualquier tontería pone en marcha el mecanismo: si está sirviendo el helado, “él tiene más”; si dedica a uno palabras de reconocimiento, “a mí no me quieres”; si le ata los cordones al primero, “¿y yo qué?”. El intercambio verbal es lo de menos. Cada día se pelean más y se pegan con más ganas, está claro que su forma de mediar no funciona, al revés. ¿Por qué ocurre y cómo encauzar la rivalidad entre hermanos? ¿Qué errores cometemos a la hora de afrontarla?
La rivalidad entre nuestros hijos existe porque existimos nosotros, los padres. Compiten desde que nacen por nuestro amor y por hacerse un lugar en la familia. Esta competencia es a veces más sutil y otras más abierta, depende del momento y de la edad. Mientras rivalizan por nuestro amor, aprenden muchas cosas.
A lo mejor no nos hemos dado cuenta de que somos parte de la ecuación, pero es así casi siempre: el fin oculto de muchas peleas es conseguir que nos decantemos o demos la razón a uno, quieren ser el favorito. Por eso nuestra respuesta es fundamental a la hora de llevar este asunto a buen puerto. Podemos reforzar su rivalidad o ayudarles a manejarla para aprender de ella. Por desgracia, la mayoría de las veces reforzamos la rivalidad sin darnos cuenta.
 

¿Qué no debemos hacer?

 

No funciona buscar al culpable

Aunque lo intentemos con ecuanimidad, es inútil. Si entramos en esa dinámica (“a ver, quién empezó, qué hiciste tú, y entonces tú cómo respondiste”), solo conseguiremos que ellos intensifiquen las peleas... ¡con la esperanza de ser elegidos inocentes!


No funciona tomar partido

Eso sí que es echar leña al fuego. Y una gran fuente de injusticias. Porque, además, en el fondo jamás sabremos quién empezó o qué pasó. A lo mejor quien llora es el pequeño, pero quizá empezó provocando con un gesto sutil, sabedor de que cuando grita acudimos y regañamos a su hermano. O al revés. A lo mejor el mayor provocó al pequeño con serenas y calculadas palabras (“no jugaré jamás contigo”), y este, que aún no se sabe controlar, le ha pegado. “¡Mamá, me ha pegado!”, gimotea el mayor, que en realidad no es tan mayor.
Para que los niños abandonen la senda de generar situaciones problemáticas, no hemos de decantarnos, ni participar. “Si los padres intentan averiguar quién ha tenido la culpa o no permiten que sus hijos aprendan a resolver sus propios conflictos, las peleas, en lugar de remitir, se intensificarán”, afirma el pediatra Berry Brazelton en su libro “Cómo atenuar la rivalidad entre hermanos” (editorial Medici).
 

No funciona negar o inhibir la agresividad

Venga, haced las paces", dice a menudo la madre de Pablo y Javi, sin querer saber más. Nuestra cultura reprime la agresividad. Pero eso solo la alimenta.
 

¿Cómo actuar durante la pelea?

No podemos desaparecer para que no se peleen, ni dividirnos, ni siquiera podemos ni debemos tratarlos exactamente igual, porque son diferentes. Pero podemos responder a su rivalidad de forma que su conflicto les sirva para crecer y aprender. ¿Cómo? Brazelton ofrece algunas claves:

 

Cálmate

Porque esta situación puede despertar, a su vez, toda nuestra agresividad. Y si respondemos con agresividad da igual el contenido del discurso, solo avivamos el fuego.

 

Separa a los niños

Hace falta cierta distancia, física y emocional, para afrontar la situación.

 

Siéntate con ellos

En una actitud no de juez, sino de observador, sin tomar partido por ninguno de ellos ni intentar encontrar culpables.
 

Muestra comprensión hacia ambos

Y aliéntalos para que cada uno asuma su parte de responsabilidad en el conflicto. Eso es lo que les ayudará a madurar. Por ejemplo, cuando acudimos al cuarto del mayor, vemos al pequeño llorando y al grande abrazando su juguete. “No me deja jugar, siempre quiere mis juguetes”, dice el mayor. ¿Cómo mostrar comprensión y dejarles hacerse cargo de la situación?
Al mayor podríamos decirle: “Sé que es duro querer jugar solo y que no te dejen; a lo mejor podrías marcharte en lugar de pegar”. O mejor: “¿Qué podrías haber hecho en lugar de pegar a tu hermano?”. Y al pequeño: “Comprendo que te mueres por jugar con tu hermano, pero si dice que no, debes hacerle caso”. Podemos actuar de muchas formas, pero siempre ayudándoles a encontrar la responsabilidad de cada uno en el conflicto. Sería mejor si verbalizaran su responsabilidad. Quizá es mejor que al principio lo hagamos nosotros y después ellos.
 

Casos especiales

Hay situaciones que requieren que prestemos más tiempo y atención a un hijo que a otro. Ocurre, por ejemplo, cuando uno de ellos está enfermo, y no nos damos cuenta de que el otro sigue teniendo necesidades. Integrar es siempre la mejor solución: integrar al hermano enfermo en la vida familiar y al sano en los cuidados de su hermano. También es importante buscar momentos diarios significativos y de exclusividad con el hermano al que dedicamos menos atención.
Hay una premisa que subyace en cualquier situación de rivalidad: no hay suficiente para todos. Es un prejuicio, un valor neolítico sobre el que aún se sustenta nuestra sociedad, según el antropólogo José Antonio de Marco. Por eso, transmitirles que hay suficiente amor para todos hará la rivalidad más llevadera. Lo transmitimos evitando compararlos o tomar partido por uno u otro, atendiendo a cada uno en sus necesidades, mostrando que les aceptamos en sus diferencias.



 


jueves, 5 de septiembre de 2013

Ayudas para alumnos con necesidad específica de apoyo educativo (2013-2014)

¿Cuándo comienza el plazo de presentación y cuándo termina?

Comienza el 20 de agosto y finaliza el 30 de septiembre de 2013
 

¿Quién puede solicitar este tipo de ayudas y bajo qué requisitos?


Podrán solicitar Ayudas Directas:
 
Los alumnos con necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad o trastorno grave de conducta, incluyendo a los afectados por TDAH, y que cumplan las siguientes condiciones:

¿Qué documentos tengo que aportar para presentar mi solicitud?

Para acreditar los requisitos generales: alguno de los tres siguientes documentos:
    • Certificado de un equipo de valoración y orientación de un centro base del Instituto de Mayores y de Servicios Sociales u órgano correspondiente de la comunidad autónoma
    • Certificado de un equipo de orientación educativa y psicopedagógica o del departamento de orientación dependientes de la administración educativa correspondiente (el formulario genera el modelo)
    • Certificado de minusvalía/discapacidad.
Para acreditar, en su caso, la necesidad de recibir ayuda para reeducación pedagógica y del lenguaje:
    • Certificados específicos de los equipos de orientación educativa y psicopedagógica o del departamento de orientación dependientes de la administración educativa correspondiente según los modelos que genera el formulario y certificación acreditativa del coste del servicio expedida por el centro que lo presta (según el modelo que genera el formulario).
Para acreditar las circunstancias que dan derecho a deducción de la renta (familias numerosas, minusvalía/discapacidad calificada, etc.),
    • Documentación acreditativa según el caso: fotocopia del carnet de familia numerosa, del libro de familia, del certificado de minusvalía/discapacidad, de la pensión de orfandad, etc.
Estar cursando estudios en alguno de los niveles de enseñanza:
      • Educación Infantil
      • Educación Primaria
      • Educación Secundaria Obligatoria
      • Distintas modalidades de Bachillerato
      • Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior
      • Enseñanzas artísticas profesionales (Música y Danza)
      • Programas destinados a la obtención de una cualificación profesional inicial
      • Programas de formación para la transición a la vida adulta
Cumplir los requisitos económicos siguientes:
    • La convocatoria establece unos UMBRALES O LÍMITES DE RENTA percibida por todos los miembros de la unidad familiar del solicitante en el ejercicio fiscal de 2012, que no deben ser superados para tener derecho a beca.
    • Los límites son los siguientes:
      • Familias de 1 miembro 11.937,00 €
      • Familias de 2 miembros 19.444,00 €
      • Familias de 3 miembros 25.534,00 €
      • Familias de 4 miembros 30.287,00 €
      • Familias de 5 miembros 34.370,00 €
      • Familias de 6 miembros 38.313,00 €
      • Familias de 7 miembros 42.041,00 €
      • Familias de 8 miembros 45.744,00 €
Aunque se reúnan los requisitos de renta, no podrá concederse beca si se superan los siguientes límites, que se consideran indicativos de la posesión de patrimonio:
    • Si se poseen FINCAS URBANAS por valor catastral superior a 42.900,00 Euros, excluida la vivienda habitual. El valor catastral de la vivienda se multiplicará por el coeficiente reductor que corresponda en cada caso, según se indica en la convocatoria.
    • Si se poseen FINCAS RÚSTICAS por un valor catastral superior a 13.130,00 € por cada miembro computable de la unidad familiar.
    • Si los RENDIMIENTOS DE CAPITAL MOBILIARIO /GANANCIAS Y PÉRDIDAS PATRIMONIALES obtenidos por todos los miembros computables en conjunto superan los 1.700,00 €.
    • Se denegará la beca cuando las ACTIVIDADES ECONÓMICAS de que sean titulares los miembros computables de la familia tengan un valor de facturación, en el ejercicio anterior, superior a 155.500,00 €.

¿Dónde tengo que presentar mi solicitud? 

    • Solicitantes con certificado electrónico: a través de la Sede Electrónica del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
    • Solicitantes sin certificado electrónico: imprimirán el modelo de solicitud que se obtiene a través de la Sede Electrónica del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y lo presentarán, una vez firmado, en el centro educativo en que se van a realizar los estudios en el curso 2013/2014
En ambos casos, será necesario que el solicitante esté registrado (es decir, dado de alta) en la Sede Electrónica.

¿Quién debe registrarse en la Sede Electrónica del Ministerio?

El alumno que tiene necesidad específica de apoyo educativo será siempre el solicitante de la beca o ayuda, y por tanto deberá estar registrado (es decir, dado de alta) en la Sede Electrónica. Sólo en el caso de que no tenga NIF y sea menor de 14 años, se dará de alta en Sede Electrónica el padre, madre o tutor, aunque el alumno seguirá figurando como solicitante.

 

 

 

 

lunes, 17 de junio de 2013

Su autoestima necesita los elogios de mamá y papá
 
Los niños de tres años tienen muchos motivos para sentirse orgullosos porque sus progresos son rápidos e incesantes. Quieren demostrar todo lo que saben hacer bien. Dejar que hagan las cosas solos, que superen los retos sin la ayuda de sus padres, acrecienta su autoestima.
 
A los tres años los niños poseen ya mucho más control que el año anterior sobre su cuerpo y sus movimientos son más eficaces. Pueden subir y bajar escaleras con velocidad, caminar hacia atrás, correr, girar y hasta montar en triciclo. Y a medida que van pasando los meses, su agilidad y sus posibilidades no hacen sino aumentar y aumentar.

Un gran desarrollo personal

·                               Saben que hacen gracia y les gusta hacerse los graciosos. Y como están en plena etapa imaginativa y la distinción entre realidad y fantasía no les preocupa demasiado, hasta se llegan a inventar hazañas y batallitas para ver si nos dejan con la boca abierta.
·                               Están sentando las bases de su idea sobre sí mismos, y también de su autovaloración ( autoestima). Ahora empiezan a tener una elemental noción de causa-efecto, con lo que comienzan a atribuirse personalmente los resultados de sus intentos.
·                               Sienten una poderosa motivación por investigar eficazmente lo que les rodea: la curiosidad, el juego, la exploración y sentirse cada vez más competentes. Estos impulsos son innatos y constituyen un valioso equipo que nos dota, a medida que crecemos, para el progreso personal y social, para proponernos metas, objetivos, logros y esforzarnos en su consecución.

¿Cómo deben actuar los padres?

·                               No hay que ridiculizar al niño ni burlarnos de sus alardes e inocentes fanfarronadas. Si actuamos así, estaremos sembrando las semillas de la vergüenza, del temor al ridículo, y ese es uno de los sentimientos más nefastos y paralizantes, que puede convertirse en un rasgo permanente del carácter y arrastrarse de por vida.
·                               Los niños necesitan recibir alabanzas abundantes e incondicionales, independientemente de que los resultados de sus esfuerzos sean exitosos o no. Si les falta ese apoyo, la sombra de la duda y los sentimientos de inferioridad e insuficiencia pueden echar ahora inoportunas raíces difíciles de eliminar.
·                               Tienen un optimismo inquebrantable, una confianza en sus posibilidades inasequible al desaliento, y es bueno que sea así. Influye en ello el egocentrismo propio de esta edad, que no distingue entre la realidad y el deseo. Es necesario el aliento incondicional de los adultos que a los pequeños les hace sentirse un poco supermanes y supermujeres.
·                               Hay que mostrarse asombrados e impresionados por sus hazañas. Si les decimos lo orgullosos que estamos de ellos, encontrarán un gran placer en seguir superándose a sí mismos.
·                               No hay que corregir su fantasía y su lógica infantil con nuestra aplastante lógica de adultos. Si un niño nos dice: «Y entonces yo le pude al león», no se va a hundir el mundo porque le respondamos con un condescendiente: «Jopé, hay que ver qué tío».
·                               Tampoco hay que impulsar a los niños a vivir permanente en la fantasía. Cuando admitimos que nuestro hijo ha vencido al león, será bueno que incluyamos un tono de cierta complicidad, que le indique que en el fondo sabemos que, tanto para él como para nosotros, se trata de una especie de juego. Sin que esto quiera decir que debamos ser burlones ni sarcásticos.
·                               Debemos pasar tiempo con los niños, conversando y respondiendo a las preguntas que les vayan surgiendo, con lo que les estaremos sirviendo de puente hacia el mundo real. Pero sin prisa, porque la fantasía alcanza en estos años su punto culminante y está bien que sea así.

¿Cómo desarrollar una sana autoestima?

·                               Es más importante elogiar su esfuerzo que su habilidad, aunque los resultados de sus esfuerzos no sean del todo brillantes. El que intenten hacer cosas por ellos mismos debe ser ya suficiente para mostrarles nuestra admiración. Evitemos, además, ridiculizarles ante el fracaso.
·                               Organicemos las cosas de modo que el niño no coseche un exceso de fracasos. Cometer fallos de forma repetida es desmotivante, también para los niños. Hagamos que los éxitos sean algo más numerosos que los fracasos.
·                               Aprobar y elogiar incondicionalmente a nuestros hijos no quiere decir consentírselo todo. Un niño que no encuentra límites ni normas se convertirá en un tirano y un inadaptado. Estimular no tiene nada que ver con malcriar. Es necesario ejercer la autoridad.